El silencio no es la ausencia de sonido; es la presencia plena del Ser. En un mundo saturado de estímulos y prisas, aprender a habitar el silencio por la mañana es el regalo más amoroso que puedes brindarte.
1. Prepara tu espacio de quietud
No necesitas una sala especial. Basta un rincón limpio, un cojín firme (zafu) y una vela encendida con la intención de recordarte que este momento es exclusivamente para ti.
2. La postura del árbol firme
Siéntate con la columna erguida pero sin rigidez. Imagina un hilo de luz dorada que tira suavemente de la coronilla hacia el cielo, mientras tus caderas se enraízan en la tierra. Relaja los hombros y dibuja una media sonrisa en tus labios.
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